La “explicación” de Paramacay

El suceso ocurrido en el Fuerte Paramacay ha sido descrito por la dictadura como una acción terrorista, llevada a cabo por elementos civiles. La manera de “explicar” el intento armado requiere reflexión, debido a que es objeto de una manipulación inocultable. La versión oficial es más lo que tapa que lo que descubre.

 

 

 

Ocurrió, en efecto, una intentona violenta en el seno de una de las instalaciones militares más importantes del país. Eso no lo pudo negar el régimen, pero se apresuró a calificarlo en atención a sus intereses. Esa es la parte que preocupa, aparte de la fragilidad que exhibe en el seno de las fuerzas armadas.

 

 

La divulgada fortaleza de los apoyos armados del régimen se convirtió en publicidad pura y simple, en un techo lleno de goteras que el oficialismo quería tapar desde cuando comenzó a sentir que lo mojaban unas aguas incómodas y perjudiciales. Ahora a nadie se le pueden ocultar las troneras de una platabanda que parecía blindada, pero que de pronto parece hecha de cartón piedra.

 

 

No se trata de contentarse con la intentona, sino solo de verla como fue y, en especial, de captar las señales que nos manda, a la dictadura y a nosotros. Demuestra la existencia de un malestar cada vez más evidente en la casa de los uniformados y una posibilidad de conflicto que parecía lejana.

 

 

En El Nacional no nos regocijamos por un evento cuyas consecuencias pueden ser terribles, pero tenemos la obligación de llamar la atención sobre el crecimiento de una crisis que, por su carácter general o panorámico, también ha encontrado asiento en la sede de los cuarteles. Pero la dictadura se empeña en ocultarla, trasmitiendo una “explicación” alejada de lo que sucedió de veras.

 

 

Porque, en efecto, no fue un episodio de naturaleza terrorista, como afirmó Maduro, a menos que califiquemos de igual manera la intentona del 4 de febrero dirigida por el comandante Chávez. Porque no fue un hecho llevado a cabo por civiles, como también dijo, a menos que sea tan floja y tan tonta la vigilancia de las instalaciones militares como para que la viole a gusto un grupo de personas sin disciplina castrense y sin familiaridad con su objetivo, a quienes solo mueven las malas intenciones y los deseos de llevar a cabo una aventura. Porque, en relación con la supuesta conexión con individuos y con dineros del exterior, ahora solo tenemos el endeble soporte de las palabras de quien las pronunció, es decir, de un vocero a quien difícilmente se le puede creer lo que comunica a mansalva habitualmente.

 

 

Si es grave lo que ocurrió en el Fuerte Paramacay, por los descuidos que revela en relación con sus vigilantes y la pretendida cohesión de los militares alrededor del régimen, se hace más grave y complicado por la manera de explicarlo ante la ciudadanía.

 

 

 

No aplaudimos el asalto del fuerte, desde luego, lo observamos con profunda preocupación; pero tampoco caemos en el anzuelo de la narración que hizo Maduro para convencernos de que todo está bien en los predios de la llamada FANB. Se ha sumado un ingrediente volátil a la situación que hoy padece Venezuela, pese a que la dictadura lo quiera tapar con un dedo.
 

 

Editorial de El Nacional

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