Macron tendrá vía libre para impulsar sus reformas en la Asamblea Nacional

Los 23 millones de votantes de la primera vuelta de las elecciones legislativas (48,71 % de los inscritos), en un país de 67 millones de habitantes, dan al presidente Emmanuel Macron un poder parlamentario absoluto, en unas condiciones muy ambiguas e inflamables para el futuro de Francia.

 

 

 

 

El alcance histórico de la abstención (51,29 % de los electores inscritos no votaron el domingo), «deslegitima» parcialmente la abrumadora victoria del partido presidencial, La República en Marcha (LREM, reformista), que consiguió el 28,21 % de los votos, que solo representan el 13,43 % de los electores inscritos.

 

 

 

 

En un país con inmensos problemas pendientes (desequilibrio de las cuentas públicas, angustia social profunda, inflamables incendios sociales de los guetos multiculturales), los 6.390.797 electores de LREM confieren el poder absoluto a un presidente sin experiencia, al frente de un país de 67 millones de habitantes. Se trata de una novedad tan radical como imprevisible.

 

 

 

 

3.573.366 electores (15,77 % de los votantes, apenas un 7,51 % de los electores inscritos) votaron a Los Republicanos (LR, derecha, el partido de Nicolas Sarkozy), que oscila entre dos tentaciones antagónicas: «colaborar» con Macron o hacer «oposición enérgica». Se trata de una fuerza muy débil para proponer alternativas constructivas, cuando Francia necesita muchas reformas de fondo.

 

 

 

 

El PS, la fuerza dominante de las izquierdas, desde hace décadas, se ha hundido en un atroz campo de ruinas electorales, con un resultado devastador para el futuro del socialismo francés, que solo tuvo el domingo 1.685.773 votos (apenas un 7,44 % de los votantes, un minúsculo 3,54 % de los inscritos). Más allá de la evidencia, el peor resultado histórico del socialismo, se trata de un nuevo «indicador» de fragmentación política imprevisible, cuando el PCF apenas fue votado por 615.503 electores, un 2,72 % de los votantes, un ínfimo 1,29 % de los inscritos. Ese es el trágico estado de las izquierdas tradicionales.

 

 

 

 

 

¿Alternativas…?

 

 

 
2.990.592 electores votaron a los candidatos del Frente Nacional (FN, extrema derecha) de Marine Le Pen (13,20 % de los votantes; 6,29 % de los inscritos). Sin duda, el modelo electoral impedirá una entrada «masiva» de la extrema derecha en la nueva Asamblea Nacional (AN), donde esa fuerza estaría mal que bien «canalizada». Mal representado en el Parlamento, el populismo de extrema derecha «hará política» en la calle, poniéndose al frente de todas las protestas «populares» que vayan surgiendo, si Emmanuel Macron comienza a realizar sus reformas prometidas.

 

 

 

 

2.497.661 electores (11,02 de los votantes; 5,25 % de los inscritos) votaron a los candidatos de Francia Insumisa (FI, extrema izquierda populista) de Jean-Luc Mélenchon, que comparte con Le Pen su hostilidad radical y gesticulante contra la UE, contra el euro, contra el Pacto de estabilidad europeo, contra la liberalización del comercio mundial, contra los grandes acuerdos comerciales trasatlánticos, contra le Alianza Atlántica. Mélenchon aspira a ponerse al frente de la «revuelta popular» contra Macron, cuando el presidente lance su reforma anunciada del mercado laboral y el modelo nacional de seguridad social.

 

 

 

 

Con 400 o 440 de los 577 diputados de la Asamblea Nacional (AN), tras la segunda vuelta, el domingo día 18, el presidente Macron podrá comenzar a reformar a paso de carga, si tal es su deseo. Pero las reformas prometidas y los problemas de fondo quizá exijan una «cirugía» presupuestaria difícil de tratar sin anestesia.

 

 

 

 

Los sindicatos han comenzado por rechazar los proyectos de reforma del mercado del trabajo tímidamente esbozados. El presidente podrá imponerlos con dos formas de «decretazos»: el artículo 43 de la constitución, que permite adoptar una Ley sin debate parlamentario; y el recurso a las ordenanzas, otra forma de «decretazo» constitucional… ¿Cómo reaccionarán los sindicatos y la «calle» cuando el presidente lance a su caballería ligera al frente de la reforma laboral? Los votos populistas recuerdan la existencia de una Francia profunda muy hostil a esas reformas, siempre prometidas y nunca realizadas, desde hace décadas.

 

 

 

 

El candidato Macron prometió la supresión de 120.000 puestos de funcionarios… promesa que los sindicatos siempre han considerado «infumable». Le Pen y Mélenchon esperan a pie firme la fecha de esa batalla campal.

 

 

 

 

El Tribunal de Cuentas publicará a primeros de julio su auditoría del estado de las cuentas públicas. Las primeras filtraciones sugieren que Francia continúa muy lejos de las promesas de Estado y del Pacto fiscal europeo. El presidente Macron ha insistido en su deseo de «relanzar» la Unión Europea… ¿puede Francia «relanzar» nada sin cumplir las promesas de Estado jamás cumplidas? ¿Pueden cumplirse esas promesas sin unos recortes y austeridad que Francia siempre ha rechazado y aplazado?

 

 

 

 

Los resultados de la primera vuelta electoral confirman que el presidente Macron ha conseguido una gran victoria. Pero esa victoria ilumina un rostro nacional cuarteado por la incertidumbre (51,29 % de abstencionistas) y la angustia social más profunda, iluminada por el hundimiento de los socialistas y la instalación perdurable de los populismos en un paisaje político nacional que tiene muchos flecos.

 

 

 

 

ABC

Por Confirmado Massiel Bravo

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